29 jul 2014

La sana crítica

Alejandro Blancovsky

Atrás de lo que vendrá subyace la política en torno al mundial de fútbol. Pero no es el tema. Y si lo fuera, ¿cómo podría acotarse? Para no hacer trampas, empezaré al revés, con una suerte de (anti)trampa metodológica: primero un acotado corpus y luego el tema. Ante tanto material, habremos de limitarnos primero a un artículo periodístico, al que cabrá agregar (es inevitable) las fuentes audiovisuales a las que refiere y otras que están (¿deliberadamente?) omitidas. No se trata de una réplica, dado que el escriba en cuestión las merece demasiado (y por cuestiones mucho más serias), pero además porque haciendo una réplica se diluiría el tema a tratar.

1) El momento de la crítica

“La sana crítica” hubiese sido un buen título para un análisis futbolero (yo estoy por la línea de 3 en el fondo para volver a la arcaica costumbre de jugar con mediocampo). Pero no. Habrá de ser (intentará ser) una crítica de la crítica que llamaremos “dominante”, con la fortuita excusa de la pauta publicitaria estatal en los partidos del Mundial. ¿Vale ahora semejante adjetivo? Las personas en cuestión gustan (para hablar de otros) hablar de “hegemónicos”, palabreja que está suficientemente cargada como para remitir a otro nivel (más general) de la, digamos, supremacía; de aquella que efectúa una clase o un grupo de fracciones de clase, mas nunca un partido específico. Por supuesto que digo todo esto desde alguna tradición (la marxista), y que las palabras cargadas para algunos son meras palabras al viento para otros (piénsese en el tiempo que perdimos escuchando a “críticos” hablando del “hegemonismo” de Kirchner, antes que reflotaran la palabra –aún más equívoca– de “populismo”). Y en la tradición mencionada siempre existió la tentación de la asimilación de las “ideas dominantes” con “las ideas de los dominantes”. Más acá,