8 ago 2013
Un botón de muestra
A principios de septiembre de 2011 di con un artículo en que quedaba claramente expuesta la visión de lo que llamo "neosabatellismo" acerca de la lucha por la universidad pública y gratuita, al tiempo que mostraba sus pautas de entendimiento de la política en general. Para colmo de males el autor oficiaba de copresidente de la Federación Universitaria de Buenos Aires. Como tantas veces, apareció la compulsión a la respuesta. La escritura rápida y concisa tenía la aspiración no solamente de pretender la réplica en el diario que había publicado el artículo, sino también la de conseguir algunos "cómplices" para una firma colectiva. En este último punto falló el plan. El "botón de muestra" valga para ver cómo determinados sectores entienden la política en abstracción total de las correlaciones de fuerzas concretas (a lo sumo sólo perciben las fuerzas electorales) y con un desprecio por todos aquellos que desde distintos lados y con distintos tipos de lucha hicieron y hacen la historia. Salvando estas calificaciones, el "botón de muestra" (parte y contraparte bien acotadas) sirve para obviarnos el tipo de insultos que típicamente se usan desde el marxismo (visión "idealista", "pre-...", etc.; y mi socarronamente "preferido", visión "no dialéctica"). Valga la mención al debate marxista porque en aquellos tiempos este sector se presentaba como "izquierda", cosa que hoy (en campaña electoral) tiende a sustituir por el siempre preciso término de "centroizquierda"...
8 may 2013
Bluff de reforma judicial y nostalgia del 7D
Alejandro Blancovsky
Tanto ha vuelto la política (de ellos) que siquiera se conforma con “volver” con algún plan. Se presenta desdoblada, por duplicado. No son dos caras de ese duro rostro que nos muestra constantemente un gesto de burla. No son matices de un supuesto proyecto político. Se trata de dos planes para facilitarnos las cosas, para acomodar nuestras percepciones.
Cuando el Plan B, de tanto sugerir que se incendiaba la provincia de Buenos Aires (y, derivadamente, el país) nos estaba aburriendo, la “naturaleza” fue una buena excusa para hacer de nuevo el consabido cambio de planes.[1] El 2 de abril se consumó la voltereta. Mientras estábamos sacando conclusiones de aquellas desmovilizantes semanas a puro Plan B (con Scioli como protagonista y supuesta víctima), volvió aquello que un gobierno asesino sabe sobrellevar tan bien: la muerte.[2] Los muertos que se llevó el crimen social perpetrado en la Ciudad de Buenos Aires dieron paso rápidamente al Plan Ahh, aquel que tanto “politiza”. El “vago” de vacaciones había dejado su tendal de muertos y había que hacerle una justa crucifixión que lo volviera a reforzar en el deseado lugar de “jefe de la oposición”. Los muertos de Capital Federal esperanzaban a Scioli con un respiro. Tenía razón.
Hay que notar que entre el tendal porteño y la difusión de la masacre platense no hubo un giro de “estrategia” política. Apenas algún giro discursivo (increíblemente, fue Luis D'Elía el único que tuvo la dignidad de blanquear tal giro discursivo). El respiro de Scioli, iniciado como efecto de los hechos ocurridos en territorio porteño no concluía con el desastre platense; al contrario, se reafirmaba (aquí hubo profundización). La inmediata presentación de los proyectos de reforma