23 mar 2012

La masacre de Once y el "modelo" (ya) profundizado

Alejandro Blancovsky

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El kirchnerismo: discurso doble, cinismo uniforme

De forma clara pero a la vez elíptica, asomaron en torno a la masacre ferroviaria de Once las lecturas más o menos cómplices con un nuevo episodio criminal con participación estatal. Tal vez porque falte acostumbrarnos a la normalidad es que haya que recordar que el ejercicio ordinario de la hegemonía tiene implicancias múltiples que devienen de la búsqueda del consenso. Y la forma en que tal consenso está construido (por las dudas, dicho sin ninguna reminiscencia laclauniana) favorecerá que los participantes (más o menos activos) de ese consenso asuman un rol de complicidad.

La complicidad con lo ocurrido en el pasado deviene, muchas veces, de cómo se plantea una lectura acerca del futuro. Así, aparecen los que claman por la entrada o por la aceleración del “progreso”, del “involucramiento del estado” y de la “felicidad” ciudadana como manto esperanzador que encubre las causantes de la situación del presente. Tan repleto de chatura, de obsecuencia y de complicidad está el panorama que incluso pasan como “voces críticas” la de aquellos cómplices que siguen la misma línea de lectura que tiene el propio gobierno: hoy, pese a que la propaganda hable de “vuelta del debate político”, de “politización” y de tantas otras cosas, se pretende pasar como “voz crítica” cada lectura que ose decir “algo no está bien”, ergo, “algo [indefectiblemente] va a mejorar”.