20 nov 2012

¿Qué ganancia en reclamar?

Alejandro Blancovsky

Obviemos la previsible reacción de la masiva secta del kirchnerismo: “no tienen memoria”; “vayan a España a ver lo que es el ajuste”; “a la revolución socialista con Barrionuevo y Venegas (mejor me quedo con el ‘luchador’ Gerardo Martínez)”. Las sucesivas acciones de protesta de parte de algunas centrales obreras en la segunda mitad de este 2012 merecen poner en una “situación concreta” el problema de la relación entre la lucha plenamente política y la lucha político-sindical.

Dentro del lote de reclamos, hay uno que, por supuesto, sobresale: “No al impuesto a las ganancias sobre el salario”. El reclamo ha tenido sus distintas versiones: el “no al impuesto al salario” (fundamentalmente en boca de la CGT) o el pedido de la eliminación de tal impuesto para los trabajadores bajo convenio colectivo de trabajo (fundamentalmente en boca de dirigentes de la CTA). A veces, algunas figuras de la CGT abogaron por “la eliminación del mínimo no imponible”, algo que podía ser leído en clave de ignorancia ( ¿una lectura “gorila”?: confundiendo el impuesto en sí con el límite de su base imponible) o en una clave de “astucia” (reformulando a través de un mal hablar el amague de una consigna más “realista”). Se formuló una lucha sindical cuyo reclamo no iba como de costumbre hacia el empleador (incluyendo aquí al estado como posible empleador), sino constituyendo un reclamo eminentemente político. “Paro político”, retrucan los die la secta masiva, los “politizadores” que cada tanto reniegan de la posibilidad de que cualquier otro que no sea el estado pueda hacer política. Como los educó hace poco la ministra de Industria (en todo un “gesto” en el que tanta audacia muestra que el que huye sirve para otra guerra…), “los actos políticos” (sindicales, cacerolazos, etc.) caen todos en la misma bolsa, bolsa que tiene siempre la hechura obvia del intento de “desestabilización”.

3 nov 2012

678, Perón y la Triple A

Alejandro Blancovsky

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Un cuarto (y tardío) intento de empezar a escribir este artículo. La intervención de Orlando Barone en 678 del 26 de septiembre, la respuesta de Cerruti y el silencio posterior me produjeron sensaciones (necesariamente) contradictorias. Se trató de la aberración sorprendente que a la vez no sorprende absolutamente nada. Y la primera reacción es ética, pero queda en el aire. En la primera respuesta uno se indigna, tuitea, comenta, putea. Y sin embargo no explica, difunde (a través de una interpretación) una barbaridad ajena que no es nada ajena al partido político que democrática y civilizadamente está otra vez en el poder. ¿Y del otro lado qué hay? Silencio (como tantas otras veces) o declaraciones de sentirse confundidos (“me explican por qué les molesta lo que dijo Barone…”). El por qué de estas dos reacciones (las de ellos) constituye lo que hay que explicar. Dos reacciones, silencio y confusión, que requieren de distintos mecanismos ordenadores en lo ideológico y que trataremos a lo largo del texto (aunque en el orden invertido).

Decía que puteamos y no explicamos. En los días siguientes aparecieron crónicas que informaron de la barbaridad de Barone y de la barbaridad de Perón contra Guzzetti, pero aparecieron muy pocas explicaciones. Haciendo una reducción a los términos periodísticos, crónicas y pocas columnas de opinión. Quizás sea esto un índice de lo que creo desde hace varios años: sacando algunas excepciones circunscritas a ámbitos académicos, se habla (se escribe, se publica, se vende…) sobre los setenta, pero no se discute sobre los setenta. Crónicas muchas veces correctas, sobre todo cuando se esquiva el bulto.