24 may 2011

La verdad histórica, víctima del 24 de marzo

Alejandro Blancovsky

A raíz de algunos hechos ocurridos en la segunda mitad del 2010, sumados al antecedente de la contramarcha organizada por el estado el 24 de marzo de ese año, era previsible que el día de la memoria de este 2011 sirviera para manipular la verdad histórica. Bien lejos de la tradición de lucha de los organismos de derechos humanos que siempre incluyó entre los múltiples objetivos de movilizarse el combatir al relato histórico realizado por el estado (por ejemplo, contra la teoría de los dos demonios), la contramarcha estatal de este 2011 fue, al contrario, la imposición de un nuevo relato, una nueva constelación de fuerzas y una nueva atribución de las distintas responsabilidades políticas (a Perón, a Martínez de Perón, a la CGT, etc.). Entre marzo de 2010 y marzo de 2011 transcurre un año de reescritura de la historia. Luego de una inicial política de “ambigüedad de la verdad” ha llegado la hora del relato cegetista de la historia de los setenta. Así, la versión alfonsinista de la teoría de los dos demonios fue dejada de lado para dar lugar a una versión aún más falsa y peligrosa.


ANTECEDENTES

Juegos de ambigüedad: el antecedente mediato (2003-2008) (lecturas desde 2011)

Previamente al actual proceso de derechización, había habido formas de presentar una versión amañada de la historia de los setenta. Acusando de amañar la historia a los pocos (los poquísimos) que se opusieron a los juicios a militares, se estaban tapando las bases para una reescritura de la historia hecha con el poder de estado y que terminaría redibujando el mapa de la complicidad civil y desdibujando el rol del militante revolucionario.

En un principio, los cómplices civiles que se acusaban eran siempre los más convenientes. Se empieza siempre con el que menos capacidad de respuesta tiene: la Iglesia. Su capacidad de respuesta es menor no por ausencia de poder sino por cómo ejerce el poder distribuyéndolo en función de sus prioridades estratégicas y de sus fortalezas políticas. Si la Iglesia es atacada por haber sido cómplice con la dictadura no elevará una protesta muy enérgica (o contestará atacando la política social). Los otros cómplices civiles aparecían siempre como coletazos ocasionales de otros conflictos, pero nunca como un intento de esclarecer la verdad histórica (medios de comunicación y Sociedad Rural). Los empresarios de la UIA que hicieron negocios fabulosos con la deuda pública, por supuesto, nunca aparecerían como cómplices civiles.

Por otro lado, se comenzaba a hacer que los militantes revolucionarios de los setenta quedaran mutilados. A lo sumo pasarían a ser víctimas de la represión. No es raro entonces que discursos actuales recuperen cierta ingenuidad institucionalista propia de principios de los ochenta. Para los ingenuos de los ochenta y para los manipuladores de hoy, el militante revolucionario queda mutilado en tanto tenía por objetivo político (lo mismo que “los compañeros” de la CGT) la “justicia social” (o, como llegará a decir Kirchner desconociendo el carácter neoliberal de la consigna, “la igualdad de posibilidades”). Torciendo un poco esta línea de manipulación podía ser que (efímeramente) Néstor Kirchner hablara de aquella juventud que supuestamente soñó con un gobierno como el de él.[1] Los militantes revolucionarios mutilados (empezando por los peronistas) deberán encuadrarse post-facto en dos vertientes: la de los arrepentidos o la de “los violentos”.

Toda la política de cooptación hacia algunos organismos de derechos humanos impidió el uso indiscriminado de la acusación de “violentos”. Lo que se ha hecho es manejar dos líneas argumentativas (a veces en el mismo enunciado). Una línea rescata el compromiso del militante de los setenta y otra acusa a los mismos individuos de violentos y antidemocráticos que se negaron al diálogo.

Decíamos que pueden darse en el mismo enunciado, tal como sintetiza Kirchner en el citado acto de noviembre de 2003: “Recuerdo las noches en que nos reuníamos antes del 17 de noviembre del 72 para ir por Turdera a recibir al general Perón, a enfrentar la represión de aquellos tiempos que no entendía lo que era el contacto del pueblo con su líder, la democracia, la libertad, la pluralidad, la libertad de consensos...”. A medida que avanzaba la cooptación de algunos organismos de derechos humanos y se consolidaba el lugar de la CGT en “el proyecto”, la versión oficial sobre los setenta se va alejando de la de los arrepentidos para ir acercándose a la versión de la CGT. Y en términos más generales, hay que decir que una impugnación inicial de la teoría de los dos demonios va a ir dejando el paso por una especie de recuperación no confesada de tal teoría. Las vacilaciones de la “política de derechos humanos” del Poder Ejecutivo durante 27 años da así como resultado el pasaje de una teoría de los dos demonios “radical” a una teoría de los dos demonios en su versión peronista: “...las reacciones que ustedes ven, grupos minoritarios que no son ni de derecha ni de izquierda, grupos de mercenarios que ejercen la violencia en forma indiscriminada porque en el voto no existen; la gente no los vota porque la gente quiere paz, trabajo, esfuerzo. Entonces estos grupos que predican la violencia y que tienen mucho espacio en los medios, son grupos que tienen cero voto y mucho espacio, ejercen la violencia y todo el mundo sabe quienes son. Son los mismos de siempre y espero que la Justicia proceda como corresponde para darnos a los argentinos las garantías que corresponden.

”No puede ser que gente que fue con molotov en la mano, esté de vuelta en la calle.” Néstor Kirchner, 8/11/05.[2]

La versión peronista (vandorista) de la teoría de los dos demonios no podía cuajar en la primera parte del gobierno kirchnerista (2003-2008). No tenían grupos intelectuales que sepan actuar políticamente, no tenían la complicidad de parte del movimiento de derechos humanos, no tenían tan aceitada la relación con la CGT y no tenían el actual control sobre el aparato mediático público y paraestatal. El revisionismo provandorista actual sí tiene todo eso. Entre 2008 y 2010 han ido construyendo esas bases. Y en el año que sigue al 24 de marzo del 2010 se han dedicado a reescribir la historia.

Mientras tanto han surgido otras distracciones. En el punto específico de los derechos humanos en la Argentina, el “proyecto” PJ-CGT, en alianza con algunos organismos de derechos humanos y con el aporte fundamental del poder de estado es algo mucho más peligroso que las articulaciones que ellos mismos quieren presentar como “la derecha”. Más allá de la efectiva “capacidad de daño” de Clarín y de su capacidad para torcer la interpretación del presente, está a las claras que es impotente para rehacer la historia argentina de las últimas décadas. Por más que quiera desprestigiar a Montoneros, no puede hacer una revisión histórica que triunfe por sobre la alternativa que plantea el primer bloque.[3] Las capacidades de daño de cada bando supuestamente enfrentado son disímiles no en abstracto, sino en relación a cada tema particular y a cada etapa histórica específica. En el caso que aquí nos ocupa la mayor capacidad de daño para la verdad histórica y para el futuro de la organización popular en Argentina está el grupo estado-PJ-CGT. Esta capacidad de daño implica un benjaminiano “instante de peligro”. No están en juego “medidas” de gobierno, alícuotas impositivas ni ninguna de esas cuestiones “concretas” que abstractamente defienden los kirchneristas. Está en juego algo que es más fundamental de cara al futuro: qué historia se le lega a la población del mañana, qué tradiciones de lucha se le entrega, qué impunidades se consagran.

En el período 2003-2008, por cada ex simpatizante de la JP que se sintiera tocado por la supuesta reivindicación setentista, se obtenía un militante nuevo del pago de la deuda creada por la UIA en la dictadura. Por cada ex asambleísta de 2001-02 que se sentía aludido por la recuperación de la “soberanía nacional”, el estado obtenía un nuevo defensor de la entrega, la minería a cielo abierto y la consolidación de la agricultura minera para la exportación de soja. Y quedaría un tiempo más para jugar a la ambigüedad en cuanto al tema de los años setenta, durante el momento en que una derechización del gobierno era presentada por muchos intelectuales como “radicalización” o “chavización”. Las distracciones que habrían de venir suman nuevas bases para la reescritura de la historia.

Juegos de ambigüedad II: el antecedente cercano (2008-2010)

A veces ciertas manifestaciones culturales llegan tarde, condensan una etapa histórica cuando ésta está acabando. La pequeña etapa histórica que referiremos va desde poco antes de la ley de medios hasta el acto de conmemoración del 17 de octubre de 2010. Hasta entonces el oficialismo había sobreutilizado la ambigüedad para intentar que reclamos populares, negocios particulares y medidas estatales se mezclaran en un mismo conjunto simbólico. La relación entre la ley de medios, la historia de Papel Prensa y la denuncia de apropiación de menores por parte de Ernestina de Noble tenía (y tiene) semejante productividad simbólica porque rebasa la cuestión técnico-política de la regulación estatal (ley de medios y administración de Papel Prensa S.A.) para incluir (gracias a la eterna disputa que no termina de saldar la restitución de identidad de dos jóvenes) una muy vinculada restitución de una verdad histórica (verdadera identidad) que oficia (por vía de la sinécdoque) de LA verdad histórica (la historia de los setenta). Por supuesto que el último eslabonamiento es falso, pero siquiera se declara la intención de ser un eslabonamiento explícito. Ambigüedad, nuevamente (y bien jugada).

La (tardía) manifestación cultural que condensa esta operación ideológica es la anacrónica canción de Liliana Felipe “Ernestina”:

“...sabe Ernestina que ya no se puede ocultar la verdad. / Argentina merece de sobra / conocer la verdad de esta historia. / [...] Con aquellos que dieron su vida / Yo levanto una copa de vino. / Para desearle al gran pueblo argentino… / Verdad y salú!”

Presentada (de forma también muy significativa) en 678 (y ante la presencia de figuras como Hebe de Bonafini), hace explícita la ambigüedad de la pasada etapa de manipulación ideológica. Ernestina de Noble es una personaje sumamente útil. Su resistencia a la verdad histórica del robo de identidades (y de acciones de Papel Prensa) la hace responsable de la negación de la verdad histórica de los setenta (que a su vez, se oculta que es objeto de disputa político-historiográfica). Y esto va más allá de la política mediática acerca de la dictadura (cómplice por supuesto, pero luego de 1983 vacilante). Si de la política empresaria (robo de acciones bajo intimidación militar) y la política comunicacional (complicidad con la dictadura) son atribuibles a Magnetto, la condensación de la negación a toda verdad es atribuible a Ernestina de Noble. Eso es lo que expresa tan bien (es decir, tan ambiguamente, tan borrosamente, tan mal) Liliana Felipe. Ernestina encarna la falsedad, es la condensación de la mentira tanto a nivel familiar como empresario y nacional.

También de Noble constituye la excepción que muestra como acertado el discurso kirchnerista sobre las empresas mediáticas como sujetas al mero interés económico. La supuesta “politización” que efectúa el kirchnerismo advierte sobre intereses económicos inmediatos de empresas que quedan despojadas de su relevancia política. En este tema (y no es el único) el macartista pensamiento kirchnerista oficia de homenaje a las versiones más economicistas del marxismo. Desconoce muchas veces que, por ejemplo, La Nación es menos un cúmulo de intereses económicos que un partido político (y declaradamente, “una tribuna de doctrina”). La principal accionista de Clarín, en cambio, mantiene esa condición permitiendo encarnar simbólicamente la idea de monopolio, vinculación con la dictadura y negación a la verdad histórica. Excepción que confirma la regla en tanto que aceptando las decisiones económicas (y “familiares”) de la dueña, el “gran diario” disminuye su eficacia como partido político y acrecienta la legitimidad del kirchnerismo y de los partidos-mediáticos que le pertenecen.

La estrategia de manipulación que comentamos, con todas las verdades que contiene y también con todas sus falsedades (eslabonamientos erróneos, negación a discutir de qué verdad histórica se habla, economicismo, etc.) tenía aún cierta faceta “progresista”. Aún con sus falsedades, empalmaba con la etapa final de cooptación de ciertos organismos de derechos humanos, de familiares (como Liliana Felipe), priorizaba la consideración de hechos históricos a partir de 1976 (Papel Prensa, robo de bebés) sin denegar necesariamente de las violaciones a los derechos humanos bajo el gobierno peronista. Pero en octubre de 2010, la reivindicación de la CGT y la Juventud Sindical hace perder al discurso kirchnerista todas las medias verdades y toda la faceta progresista.

EL PRESENTE DE PELIGRO

El 24 de marzo del perdón a los cómplices civiles

Las agrupaciones de hijos de desaparecidos marchando con la Juventud Sindical Peronista, símbolo de la entrega de sus padres. Un miembro de la UCD compartiendo el escenario con Hebe de Bonafini. Cantidad de menemistas recordando por la Televisión Pública las veces que marcharon los 24 de marzo durante “los noventa”.

Aunque cualquiera de estos hechos parece inverosímil, todo eso ocurrió el último 24 de marzo. El estado puso sus recursos (públicos y privados) para volver a hacer una historiografía de estado.

Las ambigüedades van quedando atrás

Ya en 2010, Cristina de Kirchner no tiene reparos en declarar: “puede militar [...] hasta esa izquierda terrible que quiere hacer revolución y que nos dice que somos burgueses y que estamos comprometidos con el capitalismo”. Y para colmo realiza tales confesiones en un pretendido “homenaje” a Carlos Mugica en la Villa 31.[4] Pese a lo que recogen todas las versiones periodísticas, sí era conciente de la línea oficial el subnormal Juan Belén, cuando seis meses antes, siendo (como hoy) secretario adjunto de la UOM y de la CGT, hablaba de “la zurda loca que manejan desde afuera”. El periódico ex-“progresista” Página/12 desconoció la línea oficial y criticó a Belén. Cuando era Cristina de Kirchner y no Juan Belén el que habla de “izquierda terrible”, el diario de Yrigoyen, por supuesto y como suele hacerlo, no se dio por enterado. Sobre Belén, había dicho el diario: “se encaramó al podio de la desmesura cuando desarchivó una verba setentista, sí que de derecha peronista a la que sólo le faltó la alusión (explícita) a la sinarquía internacional. Habló de «zurdos» (...), de una CTA comandada desde el extranjero. Ese rollo macartista no expresa a toda a la CGT pero dista de ser un exabrupto individual. Su pensamiento atávico arraiga en la central sindical.”[5] Desde entonces Página/12 no osaría a sugerir nuevamente que el macartismo anida en la CGT (¿y el PJ?). Muy por el contrario, se sumaría (y con enorme entusiasmo luego del asesinato de Ferreyra) a la campaña macartista del gobierno y la CGT. Obviamente se equivocaba Yasky al decir que Belén era una pieza de museo.[6] El 2010 demostró no sólo la vitalidad del macartismo, sino que puede existir sin el apoyo de Clarín y La Nación. Como en los setenta, puede apoyarse sobre bases “más populares”.

Lo que insinuaba como línea Cristina de Kirchner en mayo del 2010, termina por constituir política del estado cuando se pone la camiseta de la Juventud Sindical Peronista en el estadio de River en octubre de 2010. Pedraza entendió bien el mensaje y días después dispara contra una manifestación de la “izquierda terrible”. Moyano había elegido bien los símbolos. Si él hubiera querido reflotar una juventud sindical hace 5 ó 6 años, quizás hubiera tenido que hacer más concesiones a las confusiones de los ingenuos simpatizantes de “el proyecto”; quizás hubiera debido llamarla Juventud Trabajadora Peronista para hacer un (hipócrita) homenaje a la vieja JP. Hoy, consolidados esos ingenuos, Moyano (y Cristina de Kirchner) decidieron ser más sinceros: optaron por evitar los homenajes a la JP y Montoneros. Decidieron hacerse un homenaje a sí mismos. Así (aunque siempre es algo aún más cargado simbólicamente) aparece en el escenario la Juventud Sindical.

Negación de la historia, negación de 30 años de lucha (preparando el 24 de marzo del 2011)

La reacción ex-“progresista” es clara ante episodios como el asesinato de Ferreyra. Si no hay más remedio que criticar a un sector de la CGT que sea por duhaldista o menemista, nunca por vandorista. Este es uno de los pilares de la nueva historiografía oficial. Lo resume el amnésico “historiador” Norberto Galasso, para quien: “Cuando un movimiento nacional y popular, como el peronismo, se desbarranca por un tiempo en la degradación –como ocurrió durante el menemismo– por importante que sea la recuperación, quedan siempre elementos residuales...” Paradójicamente (¿burlonamente?) llama a su columna «Lo que enseña la historia»[7].

Octubre de 2010 (en River, Barracas y la prensa oficial) anticipa la negación de la historia que se salda en marzo de 2011 (mediando un verano a puro macartismo). El sindicalismo sólo decayó en “los noventa” (y sólo una parte de él). Nunca existió el vandorismo.[8] La Juventud Sindical puede marchar el 24 de marzo junto con otros sectores “compañeros” como las madres y los hijos. Si en algún momento la Juventud Sindical estuvo enfrentada a Montoneros fue por error de Montoneros. La nueva historiografía oficial siquiera plantea la línea interpretativa del arrepentimiento de los exiliados mexicanos (en la línea de la sociología de la culpa de Portantiero). La nueva historiografía va mucho más allá, compra y difunde la idea de que lo que ocurrió en los setenta fue el error del exceso de presión de Montoneros sobre Perón. Compra justamente la interpretación de Perón y del vandorismo.

Así no es raro que bajo el supuesto gobierno “continuador” de Montoneros haya habido un récord de homenajes a Rucci. Y esto venía ocurriendo mucho antes de que se consolide el último viraje del gobierno hacia la derecha. El gobierno no participaba directamente, pero sí lo hacía la CGT en pleno. El gobierno, no hablaba ni bien ni mal de Rucci, pero habilitó a que se hiciera la utilización tradicional de su figura.

Siquiera se difundió la “historia blanca” de Rucci, la del “leal a Perón”, la de la “cuña” en la central obrera, la del peronista entre neoperonistas, la del supuesto único no vandorista dentro de la CGT. La figura de Rucci reaparece como se utilizó siempre: la víctima leal, argentina y peronista tras la cual se esconde el vandorismo (frente a los violentos extranjeros y marxistas). Sea quien sea que se tenga por victimario de Rucci en cada momento, nunca se pretendió incluirlo entre la izquierda víctima de la triple A para reivindicarlo los 24 de marzo. Aunque dadas las cosas no podemos hacer previsiones sobre los 24 que vendrán.

Muy pocos de entre los kirchneristas osaron confesar que Rucci les pertenece: “El setentismo que se le endilga al kirchnerismo como expresión de la militancia de la izquierda peronista de los 70 es un aspecto que no agota su carácter. El gobierno nacional practica otro tipo de setentismo quizás más importante pero que ha recibido menos prensa. Las dos últimas administraciones presidenciales retomaron la experiencia de gestión estatal llevada a cabo por el peronismo y sus aliados desde 1973. Una experiencia en la que el sindicalismo peronista cumplió un rol destacado.”[9]

El juego de la derecha

Pero lo que de hecho ocurre es que ya se venían siguiendo las recomendaciones publicadas por la Agencia Urondo. Se hacía de forma aún más efectiva: sin nombrar a Rucci. Quedará una similitud más con las “recomendaciones” citadas: “El plan que comenzó aplicarse en 1973 contenía un programa de distribución de la riqueza a favor de los trabajadores. La dirigencia sindical con José Rucci a la cabeza firmó el programa y apoyó medidas tales como la fuerte regulación de las empresas extranjeras, la nacionalización de los depósitos bancarios, el control de precios de numerosos artículos y la comercialización estatal de carnes y granos. En 1974 la CGT llevó la legislación laboral en beneficio de los trabajadores a su punto máximo histórico impulsando la sanción de la Ley de Contrato de Trabajo. En 1975 el sindicalismo heredero de Rucci denunció el accionar delictivo de las cámaras patronales agropecuarias que venían impulsando sucesivos lock out...

”Los gobiernos de Néstor y Cristina retomaron varios aspectos de la gestión estatal del programa del FREJULI. Es ahí donde reside la causa y el origen de las confrontaciones que el gobierno mantuvo en los últimos años, y no en el mentado origen montonero de los dos últimos presidentes. [...] El kirchnerismo vuelve a plantear aspectos importantes del programa de 1973, que en su momento fueron avalados y defendidos por Rucci.”[10] O como dice la Juventud Sindical: “La única verdad es la realidad solía recordar Perón. Por eso el atentado contra Rucci fue un atentado contra todos los trabajadores de nuestra Patria y a favor de los intereses del antipueblo.”[11]

El caso Rucci es también interesante para entender el kirchnerismo por cómo se salta de la lógica schmitteana a la argumentación economicista más burda. Schmitt es usado por el gobierno para enfrentarse a enemigos como Duhalde, Macri, Alfonsín, Carrió e incluso la izquierda. Y hay que reconocer que manejan la utilización del amigo-enemigo en forma magistral. Pero ante un episodio como CGT-Montoneros que es claramente identificable con la lógica de Schmitt, aparecen esos burdos homenajes al marxismo economicista.

Ni se dio una superación de la teoría de los dos demonios por una reivindicación de la juventud setentista; ni se dio una reedición de tal teoría por una “apropiación por derecha” (ja) de Rucci[12]. Al contrario, se dio un alejamiento transitorio de la teoría de los dos demonios que llevó a relacionar (en la línea de Walsh) dictadura con objetivos económicos para volver a una versión renovada de la teoría de los dos demonios. En la versión renovada, la CGT no puede ser un demonio, en tanto supuestamente defendió el programa económico votado por el 62% de los argentinos. Quizás los demonios sean la Sociedad Rural y los violentos que (supuestamente por izquierda) no permitieron que Perón lleve adelante su programa económico. Es decir, quienes “hicieron el juego a la derecha”. ¿Y las pretensiones de continuidad kirchneristas respecto de Montoneros? ¿Por qué tendrían que declararse tales pretensiones?

Por lo demás, Walsh les recordaría el bache que dejan planteado entre 1974 y 1976, marcado por una continuidad en la represión (estatal y paraestatal) antes que en las políticas económicas delimitadas retrospectiva y estrechamente como “post-76”. Hay que estar advertidos contra los supuestos discursos de politización que “economizan” (en el doble sentido) la política. El actual rescate kirchnerista del vandorismo de todos los tiempos (incluso el de los setenta[13]) se intentará justificar en términos económico-corporativos, de poder adquisitivo y de un “poder de la clase” para negociar en mejores términos. Veremos como dos burgueses muy exitosos en tanto acumuladores (aún cuando tengan algún puesto de asalariado) discuten en un acto (en la cancha del millonario) sobre qué es un trabajador. Veremos repetido (y cada vez más) un clasismo trunco que es falso no porque sea liderado por individuos burgueses, sino porque su pasaje del momento económico-corporativo al momento político es la asunción plena de la dominación de clase burguesa (y la asunción plena de sus personeros y asesinos).

El futuro del movimiento por los derechos humanos en Argentina

Como dijimos, la participación política (incluyendo las calles) de la lucha por memoria, verdad y justicia es algo que tiene múltiples propósitos. El objetivo jurídico acerca de la búsqueda de castigo a las violaciones a los derechos humanos entre 1973 y 1983 es sólo uno de ellos. Se está peleando por la correcta interpretación (efectivamente, “la verdad”) de lo ocurrido con posterioridad (al menos) a la Masacre de Ezeiza. La tradición de la lucha por los derechos humanos en Argentina siempre reclamó y analizó la historia previa al 24 de marzo de 1976. Por supuesto, siempre hubo sectores peronistas que pretendieron que salirse de las fechas de la dictadura implicaba una supuesta manipulación política de partidos de izquierda. Quien conozca al menos la fecha de declaración del estado de sitio en Argentina sabe que esa amnesia y amnistía histórica a lo previo al ‘76 poco podría tener que ver con la verdad. Lo novedoso es que esa pretensión de amnistía vuelve ahora a ser política del estado. Como no puede decir que no había pasado nada, en lugar de hablar de fechas se intenta cambiar la interpretación de las acciones de otros sujetos (en especial de la CGT). Hablemos entonces de la Iglesia y de Clarín...

Esta reescritura de la historia es tanto una reescritura de los setenta como una reescritura de los noventa. Así, el funcionario menemista Daniel Filmus (como tantos otros) puede decir en televisión que marchó en los 24 de marzo de los noventa (seguro que en sus marchas imaginarias lo vio a Kirchner, a Boudou, a Moyano y a Barone –y quién te dice, según parece, quizás vio al mismísimo compañero Menem), del mismo modo que Moyano y otros niños de las AAA serían sindicalistas preocupados por la “justicia social” en los setenta y, a lo sumo, prescindentes en la represión ilegal contra la izquierda y contra el peronismo heterodoxo. Pero cuando el kirchnerismo compra la versión de los hechos de Perón y del vandorismo hace algo más. Así la política “de memoria” del kirchnerismo delega la reescritura de la historia en los protagonistas más interesados en falsearla. Delega a los menemistas (es decir, a sí mismos) la reescritura de lo que hicieron en los noventa y delega a Perón y Rucci la reescritura de lo que significaron los setenta.

Paradójicamente la convocatoria a la marcha oficial del 24 de marzo se hizo bajo la consigna de “Juicio y castigo a los cómplices e ideólogos civiles”. Ya queda poco tiempo para que Línea Fundadora y las agrupaciones de hijos vuelvan a la tradición histórica de la lucha por los derechos humanos. En caso contrario, el movimiento de los derechos humanos de Argentina se encontrará muerto. Bajo entusiastas declamaciones por la “renovación” que implica que esté marchando una “nueva juventud” (sindical), se estará alegremente firmando su autodestrucción. La prueba de “lealtad” que el estado le exige a estas organizaciones es más que costosa. No sólo le pide inoperancia política en casos de represión y gatillo fácil y ‘neutralidad’ cómplice para no criticar consecuencias de la dictadura tales como la deuda. Le pide que antes de morir el movimiento de los derechos humanos decrete un “indulto histórico” a algunos de los cómplices civiles de la represión estatal y paraestatal. El lugar cada vez mayor que el PJ le da a su hijo dilecto, el vandorismo, requirió que cada organismo que se sume al “proyecto nacional” abandone toda crítica al vandorismo no sólo de hoy sino también de ayer. Hoy le piden ese último esfuerzo. Que antes de morir usen la autoridad moral conquistada en tres décadas de lucha contra las violaciones a los derechos humanos de ayer y de hoy para que esa corriente que sí tiene garantizada la continuidad sea declarada inocente de la persecución, la entrega de compañeros y la complicidad con el terrorismo de estado.

[1] “Señor Gobernador, amigo Felipe, señor Intendente, padres de mis amigos y compañeros asesinados y desaparecidos; otro amigo que también estaba con nosotros esos días y nos encontramos después de treinta años... [...] Les quiero decir a todos los hermanos y hermanas de Juárez que tenía que estar presente, y voy a estar presente en cada lugar que se recuerde a aquellos que dejaron todo, que pusieron todos sus ideales y que soportaron las cosas más atroces por defender un país distinto, un país con justicia, un país plural, un país sin corrupción, un país con igualdad social, un país con igualdad de posibilidades.” 28/11/03, <http://www.casarosada.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=4095&Itemid=120>.

[2] <http://www.casarosada.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=4449&Itemid=71>

[3] Así, cuando Clarín y La Nación salen a atacar al kirchnerismo por su relación con el menemismo o a denunciar la relación Monteneros-menemismo, salen fuera de tiempo. Su eficacia (aún con crónicas totalmente verosímiles) es infinitamente menor que la que pudieran haber tenido en el primer período kirchnerista. En especial: Claudio Savoia, «Los montoneros le llevaron a Menem la idea de los indultos», Clarín, 1/1/11.

[4] 11/5/10, <http://www.casarosada.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=7175&Itemid=66>.

[5] M. Wainfeld, «Adelante, a la derecha, atrás», en Página/12, 15/11/09.

[6] «Yasky: “Las expresiones de Belén son casi una pieza de museo”», Página/12, 14 /11/09.

[7] Página/12, 25/10/10.

[8] Como también decía el ignorante Yasky sobre los dichos de Belén: “Son exabruptos propios de un troglodita que expresan la prehistoria del sindicalismo”. El vandorismo cae así fuera de la historia. (La Nación, 15/11/09)

[9] Horacio Bustingorry, «El kirchnerismo debe reivindicar a Rucci», http://www.agenciapacourondo.com.ar/sindicalismo/1405-el-kirchnerismo-debe-reivindicar-a-rucci-por-horacio-bustingorry.html

[10] Ibídem., apéndice.

[11] Juventud Sindical, «Hoy como Ayer... La lucha es la misma» [sic!], 26/9/10, <http://juventudsindical.com/2010/09/26/hoy-como-ayer%E2%80%A6-la-lucha-es-la-misma/>

[12] Ver, por ejemplo: <http://www.pejoteros.com.ar/?topic=1248>.

[13] Y también el de “los noventa” (al menos, por vía del MTA de Moyano).

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