Alejandro Blancovsky
Hace pocos meses el problema de la sucesión tenía como único discurso público posible la especulación acerca de la reforma constitucional. Y hoy la situación parece ser la misma. Desde el verano se mostró que la profundización del (previo) mapa político de la dicotomía y el ballotage permanente (exaltando al principal enemigo-socio, Mauricio Macri) sirvió para colocar las cosas en el lugar acostumbrado: afianzando las bases del (en ese momento) “plan” principal de sucesión al tiempo que se lo ocultaba como tal. Veremos que se trata de un “plan” que se propone abierto (permitiría tanto la sucesión como la re-reelección) y que por un par de semanas, pareció suspenderse ante la aparición del “Plan B” (más bien, se pretende la alternancia entre ellos). El “Plan B” vino en su momento a acaparar toda la atención, llevándonos a lo que se presentaba como único tema de discusión posible (la “interna” del PJ, focalizando a su vez –otra vez– en la provincia de Buenos Aires) y pretendiendo ocultar el modo con que se maneja el poder en los últimos años que fue, es y (por un tiempo) será tributario (y derivado) de lo que denominaremos “Plan Ahh”.
No obstante, habrá que sacarse algunos prejuicios. Algunos de ellos los tratamos en el excursus dedicado a los principios metodológicos, pero antes que nada debemos aclarar qué entendemos por “plan”. No